La Reinvención es un Proceso Mental… y se puede entrenar

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A mediados de los ‘70s, en un pueblo minero de Inglaterra, Gordon Sumner enseñaba literatura y fútbol a niños de primaria. Tenía un trabajo estable, un sueldo seguro y una pensión, prácticamente, garantizada; el escenario ideal para cualquier familia de clase trabajadora de la época.

El problema era que ese trabajo no le gustaba. La rutina lo agobiaba, la presión lo superaba y la apatía era pan de cada día. Su verdadero interés estaba en la música, en componer, en tocar el bajo; y lo hacía por las noches en pubs de la ciudad. De hecho, más de una vez, llegó a la escuela sin dormir, intentando disimular el olor a cigarro y a trasnoche.

Su sueño era irse a Londres, dedicarse a la música y formar una banda de rock reconocida…

Pero claro, cuando le contaba esto a sus colegas de la escuela, estos se reían y le recomendaban no dejar la estabilidad que tanto le había costado conseguir.

Pasó el tiempo y, a principios del ‘77, esto cayó por su propio peso. Gordon se armó de valor y presentó su renuncia al Director, empacó lo poco que tenía y se mudó a la capital junto a su esposa y su hijo recién nacido. Un acto que a ojos de cualquiera era prácticamente un salto al abismo.

Sin embargo, gracias a que estaba muy metido en la escena musical, allí se encontró con sus amigos, el baterista Stewart Copeland y el guitarrista Andy Summers, con quienes, en condiciones muy precarias, decidieron grabar su primer sencillo, el cual no tuvo buena acogida, pero les permitió conocerse, afiatarse e ir buscando su estilo como banda. Al año siguiente, insistieron, pero ahora más preparados fueron por todo y se propusieron grabar el álbum que cambió su rumbo y los consagró como banda a nivel internacional…

Bueno, esa banda que surgió desde abajo se llamó The Police, y el profesor de primaria que se “lanzó al vacío” pasó a llamarse Sting… El resto es historia.

Traigo este caso a colación, porque plantea preguntas sobre la conducta humana y, más específicamente, sobre la reinvención, que es el tema que quiero profundizar aquí…

Lo primero que tenemos que saber es que la reinvención no es una decisión impulsiva que se toma de un día para otro; por el contrario, se entiende más bien como un proceso que abarca lo psicológico y fisiológico, y que cuenta con explicaciones científicas amplias.

Además, debemos entender qué ocurre cuando sentimos la necesidad de cambiar y la psicología cognitiva ofrece teorías interesantes. Por ejemplo, a mediados de los ochenta, las investigadoras Hazel Markus y Paula Nurius formularon la Teoría de los “Yoes Posibles” (Possible Selves), donde explicaron que la mente mantiene activas tres representaciones dinámicas de sí misma, estas son:

  • El Yo Actual:La percepción presente de lo que eres, con tus habilidades, limitaciones y circunstancias.
  • El Yo (posible) Deseado: La visión de la persona en la que te gustaría convertirte, incluyendo tus metas e ideales.
  • El Yo (posible) Temido: La representación de la versión a la que no te gustaría llegar.

Lo que plantean es que reinventarse es el proceso consciente de reducir la distancia entre tu “Yo Actual” y tu “Yo Deseado”, alejándote al mismo tiempo (y lo que más se pueda) del “Yo Temido”. En el caso de Sting, su “Yo Actual” era el profesor frustrado; su “Yo Deseado” ser un gran músico; y su “Yo Temido” era quedarse atrapado en el sistema escolar por temor a perder la estabilidad laboral.

No obstante, enfatizan que este proceso no implica descartar lo aprendido, sino aprovechar la experiencia y los conocimientos acumulados para adoptar una nueva forma de pensar, decidir y actuar.

Pero, ¿por qué surge la necesidad de cambiar? Y la respuesta está en la “disonancia cognitiva” de Leon Festinger, la cual plantea que cuando lo que haces o a lo que te dedicas en la actualidad contradice lo que piensas y valoras, entonces se produce una tensión interna, un malestar psicológico que el cerebro busca aliviar cambiando la conducta… para el caso, reinventándose.

Pero para que esa tensión se transforme en acción, deben intervenir las tres necesidades que describen Edward Deci y Richard Ryan en la Teoría de la Autodeterminación, estas son:

Autonomía, sentir control sobre tus decisiones; Competencia, experimentar progreso en nuevas habilidades; y Propósito, encontrar sentido a lo que haces. Cuando no encuentras la expansión necesaria para satisfacer estas necesidades en tu entorno actual, surge el impulso de buscar espacios donde sí puedan desarrollarse de manera plena.

Ahora bien, ¿qué pasa en nuestra cabeza? y me refiero con esto a lo neurológico…

A ver, este cambio representa un alto consumo de energía, porque si bien el cerebro es pequeño y solo pesa alrededor de kilo y medio, este órgano gasta el 20% de nuestra energía total (que es un montón). Por ello la importancia de la automatización de procesos mentales, llámense hábitos o rutinas… el cerebro siempre busca eficiencia.

Sin embargo, esta búsqueda de ahorro de energía se transforma en una resistencia contra el cambio, ya que la corteza prefrontal debe trabajar para frenar los hábitos automatizados por los ganglios basales y, para mayor tensión, la amígdala interpreta la incertidumbre como una amenaza entonces libera cortisol y adrenalina, lo que explica la ansiedad que sentimos al enfrentarnos a situaciones nuevas o desconocidas…

Vas entendiendo por qué no es fácil cambiar. Sigamos…

Bueno, este es un proceso que debemos mantener para llegar a la consolidación, así que los incentivos son importantes —cómo no—, y estos llegan con cada avance, aunque sea pequeño, ya que con cada uno de ellos el cerebro libera premios como la dopamina y la serotonina (entre otros neurotransmisores), lo que ayuda a reducir el estrés y renueva la motivación. Además, con el tiempo y la repetición constante, la neuroplasticidad también va haciendo su trabajo y recubre de mielina las nuevas conexiones, permitiendo que aquello que al principio requería un gran esfuerzo se transforme progresivamente en nuevo hábito.

Pero, más allá de la biología, la decisión de dar el salto suele depender de dos factores psicológicos:

  • La Autoeficacia Percibida: Un concepto desarrollado por Albert Bandura que refiere a la confianza en la propia capacidad para aprender nuevas habilidades y afrontar la transición del cambio. Es decir, para cambiar tendré que aprender algo, pero me siento confiado de que lo lograré. Por el contrario, la ausencia de esta confianza produce la Indefensión Aprendida, descrita por Martin Seligman como la creencia de que ningún esfuerzo cambiará las circunstancias, así que no hago nada, me paralizo.

  • La Mentalidad de Crecimiento: Este segundo factor fue estudiado por la psicóloga Carol Dweck, y plantea que este tipo de mentalidad permite interpretar las dificultades y los errores del proceso como parte del aprendizaje necesario para desarrollar nuevas competencias. Es decir, la persona entiende que existe un costo inherente a esta decisión de cambio, pero está dispuesta a asumirlo.

Respecto a cuándo conviene cambiar, no existe un momento idóneo. Pero el sociólogo Daniel Levinson comprobó que el desarrollo adulto se compone de períodos de estabilidad intercalados con etapas de transición de aproximadamente cinco años, donde reevaluamos nuestras metas de forma natural. Además, existe un consenso en que el punto de inflexión suele darse cuando el costo emocional de permanecer donde estamos supera el riesgo de asumir la incertidumbre del cambio.

Pero para reinventarnos tenemos que dar el primer paso, y lo debemos hacer intentando generar la menor tensión posible para el cerebro, de esta manera bajará la guardia y así podremos incorporar, poco a poco, estas nuevas actividades a nuestra vida… Y lo bueno es que existen dos estrategias sencillas y que están probadas:

  • Práctica Deliberada: Investigada por Anders Ericsson —el mismo de las 10.000 horas para la maestría—, consiste en descomponer una meta compleja en microacciones enfocadas e intencionadas con retroalimentación inmediata (mejora continua). Esto es dividir el camino hacia la meta en tramos más cortos y accesibles que se van sumando uno a uno hasta alcanzar el objetivo.

  • Manejo de los Sistemas 1 y 2:Por otra parte, tenemos la teoría de Daniel Kahneman, la cual recomienda diseñar hábitos iniciales breves, simples y fáciles de ser ejecutados por el Sistema 2, de esta forma el cerebro no los percibirá como una amenaza y facilitará su asimilación por parte del Sistema 1.

Podríamos decir que estas estrategias serían pequeños hacks para “engañar” a nuestro cerebro.

Para recapitular, diría que la necesidad de cambiar surge cuando la distancia entre lo que vives y tus aspiraciones se vuelve insostenible. Entendimos, además, que la incertidumbre del cambio genera una respuesta fisiológica por parte de nuestro cerebro y que entenderla nos permite gestionar el proceso de manera más efectiva; y que el plantearse metas excesivas y difíciles de alcanzar puede resultar contraproducente, por ello que se recomienda dividir estos objetivos en microacciones muy fáciles de realizar y que progresivamente nos lleven a conseguir lo propuesto.

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