Parálisis por análisis: la paradoja de la perfección…

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Esperar a que todas las variables de un proyecto estén alineadas al 100% implica perder tiempo y oportunidades…

Y es que la búsqueda obsesiva de la perfección nos suele paralizar. Además, pulir demasiado un detalle responde, generalmente, al miedo a la exposición y al juicio ajeno. Muy normal.

Pero esto no es nuevo.

En el siglo XVIII, Voltaire dijo: “Lo mejor es enemigo de lo bueno”.

Y es así, la historia demuestra que la velocidad de ejecución y la capacidad de ajuste y adaptación superan a cualquier plan en tamaño carta A4.

Y es cosa de revisar estos casos:

A finales del XIX, Karl Benz no esperó a diseñar un vehículo cerrado y cómodo. Muy por el contrario, lanzó uno con tres ruedas, ruidoso e inestable (un cacharro). Pero ese prototipo le permitió probar la tecnología en uso y sentar las bases de la industria automotriz.

Los hermanos Wright, por ejemplo, no tenían el presupuesto ni los motores de sus competidores. Pero mientras otros pasaban años calculando la aerodinámica en laboratorios, ellos probaban planeadores en las dunas, corrigiendo errores hasta lograr el primer vuelo controlado. ¡Y lo consiguieron!

Y si nos acercamos un poco más en el tiempo, mira lo que pintó Facebook en sus paredes cuando la Startup estaba en plena ebullición: “Done is better than perfect” (hecho es mejor que perfecto). Es decir, tenían la instrucción clara de lanzar funciones incompletas para medir el comportamiento de usuario y así pudieran iterar más rápido que cualquier otra compañía.

Y traigo este asunto a colación porque esto aplica para todo: escritos, gestión de equipos, desarrollo personal, management, startups… Todo tipo de proyectos.

Dicho esto, podemos afirmar que un producto u obra en uso será mucho más valorada que su versión en carpeta, porque genera datos, retroalimentación y, eventualmente, resultados (buenos o malos, pero resultados al fin y al cabo).

Y mira la foto de arriba, la Torre de Pisa, un ícono de la imperfección. Comenzó a inclinarse en el siglo XII por suelo blando y cimientos deficientes. Pero, a pesar de ello, sus arquitectos en lugar de detener la obra o tirarla, siguieron adelante sin buscar la simetría perfecta y la ajustaron. Esta decisión de continuar fue importante, porque sin ella jamás habría existido la torre y, quizá, ni conoceríamos la ciudad de Pisa. Hoy, esta obra es reconocida a nivel mundial por su inclinación, por su “imperfección”. Qué paradoja.

Y, sin ir más lejos y guardando las proporciones, cuando sondié para escribir este breve artículo, me surgieron varias dudas respecto a su longitud, forma, planteamiento y demás. Pero fui consecuente con la lección que me dejó el mismo, y me animé a publicarlo, sin darle tantas vueltas. Gracias a ello, es que estamos conectando en torno a este tema de no enredarse con la tentadora excusa de la perfección… porque puede resultar contraproducente.

Por: Ignacio Monje

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